domingo, 13 de diciembre de 2009


martes, 8 de septiembre de 2009

Let me eat cake

Yo sí te fallé. Tal vez desde aquél momento de solaz que dejé de ser tu amiga. Yo era tu amiga al principio, de eso estoy muy segura. Recuerdo siempre con apego y melancolía, tú sabes que siempre me invade la melancolía, el olor a panqué horneado que tenía tu casa. A veces pienso que pudo haber sido el mismo olor el culpable de mi traición. Como si me hubiera poseído así por así, desprevenida y asustada. Pudo haber sido en ese instante en que te dije que tu casa olía como a repostería y me dijiste, lo recuerdo bien, que no percibías nada por el estilo. Puedo olerlo todavía, pareciera que el perfume se quisiera quedar colgado de mi nariz. Balanceándose intransigente en mi fosas para ahogarme de culpabilidad. ¡Te fallé, te fallé! Yo sé que sí, pero todavía no encuentro motivos para pedirte una disculpa. Quizá por eso el perfume sigue en mí.

¿Te acuerdas de la lluvia un día 15 de Septiembre? Como siempre, la maldición me quitaba a mi la independencia y me enclaustraba. Si bien, ese día nos quedamos encerradas, por lo menos estábamos las dos y la esencia del panquesito. Y si no mal recuerdo, ese fue el día de la perversa posesión de ese olor tan impregnante y sutil al mismo tiempo, tierno y desgarrador como el unicornio azul. Tuvo que haber sido ese día, pues de no haber sido así no lo recordaría con tanta intriga y lucidez. Fue ese día y lo recreo en mi mente no sin asfixia. ¿Te acuerdas que escuchábamos música? No solo ese día. En general escuchábamos música. Antes llegué a pensar que la música era entera la culpable, pues no, pero si fue responsable de que fuera in crescendo. Y no podemos dejar a un lado la comida. La comida muchas veces, incontables veces, me evoca tu presencia. ¿Y cómo no esperabas que te fallara? Los demonios tienen una forma muy sutil de seducirte, muy classy. No pienses que no me resistí. Meses enteros incluso logré apartarlos y seguí siendo tu amiga. Casi completamente fiel a ese ideal.

Yo no soy mala. De niña creía que solo las personas malas sucumbían ante fuerzas endemoniadas. Pero tu me lo advertiste, en varias ocasiones me dijiste que no debía ser confiada. Me lo dijiste también la noche que descubrimos a Memojo “el Muerto Manco” justo en medio del bosque, pero me dijiste que sólo había demonios en las personas. Nunca me dijiste que había demonios en la comida y en los perfumes.

Eran buenos días a pesar de todo, y eso porque me quedaban las estrellas. Fuiste tu quien vio la shooting star sobre el techo de tu camioneta. Nunca nos dijimos qué habíamos pedido de deseo. Ves que los deseos no se deben desnudar o se funden apenas emana la primera letra desde pringosos adentros. Mi deseo quizá no habrá de encarnarse, pues en un acto premeditado salió corriendo de entre mis dientes para descubrirse ante tus ojos. Dejé salir el deseo y los males sin preocuparme de que se quedaran errantes y todo con el fin de reivindicarme. Al poco tiempo me llegó la factura y quedé escasa y noté que te alejabas de mi. Yo me apartaba también de tu periferia para que los males no embistieran nuevamente nuestro turbado recuerdo.

Todo iba bien, lo dejé huir y estaba bien. Pasé temporadas eufóricas de tardes extraordinarias y noches de sosiego o viceversa. El hecho es que el demonio parecía haber salido ya de mis entrañas. Me sentí liberada y corrí a confesarte. Vé que me redimí, me escapé de la deshonra, ya nadie tiene por que sufrir. Lo sobrellevamos días, semanas, lo olvidaste. Me convencí de que los demonios no existen y disimulé muy bien si alguno se acercaba.

Un tiempo después te fuiste, te evaporaste detrás de un amor insólito y enredado. Yo me hallé descuartizada engañándome y fallándote otra vez. Un digestivo llegó para anunciarme que no me había sido posible olvidar, que desde aquella lluvia de 15 de Septiembre yo te amé y no había dejado de amarte ni en mis tarde-noches de animoso sosiego. Te traicioné pero nunca dejé de adorarte ni de velar tus tristezas. Jamás cosí tus piernas de idilio semitransparente a mi fatua figura. Soporté el vacío de tu expresión de Blanca Nieves, de tus ojos circunspectos y de textura avellanosa. Delegué la labor de corresponderme a la música francesa y a tus llamados ocasionales –C’est Si Bon––. Y tú pensabas que no te sentía cuando hundías tu frente en mis hombros desahogando tus quejidos y yo ahogando mis latidos bajo respiros entrecortados.

Esta vez faltaban diez, pero también llovía. El cielo estaba a merced de mis ojos grises. Tus labios se escapaban de mi imaginación para encontrarse y saciarse de aquellos de tu amor enredado. Tu casa seguía oliendo a panqué y mi lengua nunca habrá de probarlo. Y yo era tormenta y era nube y era libre.

FIN

martes, 21 de julio de 2009

frangelique

Lánzame la bomba del deseo y no titubees,
no juegues a la moral,
no inventes que sabes que significa.
Lleva años sin poderte persuadir,
ni yo, que me he dejado seducir.

Lánzame la granada de tu perfume peligroso,
no pretendas ser insulsa y luego transpires chocolate
no mojes tus ojos avellanosos
a no ser que fermentes mi licor
y luego me dejes probarlo.



sábado, 13 de junio de 2009

No me satisface mi briaguez, así no sepa si se escribe con zeta, no me fascina pensarte, así no tenga la certeza de que me corresponde...

miércoles, 8 de abril de 2009

De Grand Marnier

Me gustabas y me dejabas mal sabor, de hecho me sabía mal que me gustarás y viceversa. Todo este aderezo de sentimientos hacía a una degustación de chocolates sentir que daba mucho que desear. En verdad era un manjar de dicha y desgracia y entre tanta comida llegué al punto en que me siento satisfecha. Me alimentaste de bombas y explotaste mi sed de servirte. Más aún, me serví a mi misma en tu mesa. En cambio tu, lo haces todo más fácil ahora que el platillo que cocinas está frío y ya no me gusta el sabor. Espero que en un futuro no olvides meterlo al horno como hacías antes pero vigilarlo para que no se queme como aquél soufflé que me comí yo, tanto que me gustaba el soufflé. No lo tomes a mal, cocinas bien aunque siempre olvidas limpiar la cocina. Mi mamá siempre dice que el secreto de cocinar está en que no quede huella de que alguien cocinó. Siempre me tuvo sin cuidado su famoso secreto hasta que terminé lavando yo los sartenes de tus planes y en ocasiones me “honraste” con el título de sous chef para alentarme y no perder tu dominio sobre mis recetas. Ya no tengo hambre y renuncio a tu cocina aunque nunca olvide que no sabía del soufflé antes de ti.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Carta #35

En todas aquellas cartes que te he escrito y no te he enviado procuro decirte que te he querido, pero ya no quiero. Comentarte que te he soñado, que te sueño aún, que no hago más que quererte ahorcar por las tardes y besarte por las mañanas. Son muchas las palabras que se han escurrido por mis ojos y sin más que las buenas noches se han ido igual que tu. SE HAN IDO! y te quiero gritar, te quiero besar, te quiero enviar estas cartas porque no hacen más que amarte. Y si amarte se ha vuelto un lenguaje... una tarea común, entonces quiero estudiar amarte.

miércoles, 14 de enero de 2009

Girl it´s not worth it

All her smiles have gone,
Now she has faded.
The mirror laughs alone,
Her thoughts are tainted.

Here she comes this time
Just as a star falls down the drain,
Girl it’s not worth a dime.
Don’t blame the pain.

Here she comes again,
Throwing up her hopes and friends.
Girl there’s much more to gain.
Life is more than trends.

All her brightness has gone.
Now she’s wasted.
She’s worn out her throne,
Little princess spilled the soup she tasted.

Wake my body, wake my girl.
Screaming voices behind my eyes.
My fist arose before the mirror´s twirl…
Broken, pieces of crystal lies.

I see my life on a round clock
Wrecked pages off my mind.
My lucidity on a catwalk
Where judges weren´t kind.

I must remain a princess.
Regain the smile and rise again.
Find the upward access
To unleash my heart´s strain.

All harsh times are gone,
Now I´m much better
Look who laughs alone
I took off this fletter.

Mi nombre: tu

Quiero apodar tu silencio: martirio
y a la misma felicidad que encarna tu rostro la llamaré: mi sonrisa
Así, cuando caiga el ciego por tus ojos
apelaré a mi sonrisa y secaré tu llanto.

Quiero llamar diferente a tu ausencia,
le voy a decir angustia
porque así no estaría yo sola,
sino fundida en el sentimiento que me causas,
tu sensación me acompaña, me aflije,
me irrita, me calma.

Yo por lo pronto ya no me llamo persona,
me llamo tu sonrisa, tus ojos, tu ausencia.